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Mostrando las entradas con la etiqueta Ansiedad

Ignorante Castidad

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Que bien aparentas no aparentar: Ofreces una sonrisa mientras tu alma llora. Muestras satisfacción en tu inmundicia. Escribes sin tu esencia para que no hablen mal de ti. Y haces que tú sonrisa enfermiza parezca sincera. Estando inmerso en la monotonía, te jactas de vivir en plenitud.  Labios sonrosados que dan besos negros. Cuerpo mancillado que refleja el estado de tu alma. Exceso de ideas superfluas guardadas en la cabeza. Con ellas será imposible llenar el vacío que sientes a diario. Superficialidad abyecta que desemboca en un deplorable reduccionismo. Cúmulo putrefacto de masa carente de autoconocimiento, que no se compadece del sufrimiento. Como el "amor" que una vez estuvo allí, y que hipócritamente me decía: "No miento". Pero yo sé bien la inmundicia que realmente eres: Sé cuántos hombres has devorado ansioso en tu manchado cuerpo. Sé de los espectáculos que das cuando no estás en un escenario. Sé que no te satisface el placer de los orgasmos que buscas dese...

Dialogo con la Ansiedad

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-Te estoy hablando a tí, enfermo del tiempo. -¿A mí? ¿Y por qué me nombras así? -Has perdido tu forma, tu norte, tu esencia y te has corrompido. -¿De qué diablos estás hablando? ¿No podrías explicarte mejor? -Eres risible porque no eres ni consciente de que ya no eres tú. El camino que conduce a tu memoria se ha borrado. Es triste, pues no pude despedirme de tí. -No entiendo porque dices eso. Yo aún estoy aquí. -Estás pero no eres el mismo. Yo amé al que fuiste porque yo sigo siendo el de ayer, mientras que al que veo y con el que hablo es el de mañana. Has cambiado, has sucumbido al reloj. El futuro es tu presente, y mi amor es tu pasado. Yo te amé, es cierto, pero ya no te amo. -Estás loco. -La locura, mi carcelero maravilloso, no es sino otro síntoma de ser diferente, y yo lo soy pues por mí no pasa el tiempo. Nuestra esencia es como una estrella, que sigue brillando a pesar de haber muerto. -El tiempo pasa y todos cambiamos. ¿Por qué crees que eres diferente? -Simple y llanamente p...

Prisión

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Confusión. Esta es la primera sensación que recuerdo haber sentido cuando me desperté: una confusión intensa, penetrante, omnipresente. No sabía que me había pasado, dónde estaba, cuánto tiempo estuve fuera de mi no tan exquisita realidad. Miedo, lo primero que sentí después de aquella desorientación (presente aún a flor de piel). Miedo por no saber que me pasaría, a estar solo el resto de la existencia; a morir olvidado en algún lugar profano sin ningún tipo de iluminación. Hice un intento de exclamación, de dar algún sentido de orden, pero fue en vano; lo único que sentí fue la reverberación de mi voz, estallando en mi cabeza como una bala perforando mi cráneo. Me levanté, aunque sin perder de mis sentidos la venenosa ilusión desorientadora. Quería gritar, lo deseaba, lo necesitaba. Fue entonces, que me di cuenta de una angustia ligera, muy dentro de mí, que amenazaba con oprimirme del todo en su florecimiento. Esa obsesión empezaba a afectarme y, desesperadamente, busque la tranquil...